Como todos los golpistas, Bolsonaro usa a Dios para ejecutar un golpe de Estado

Por Darío Pignotti / PAGINA 12/ Desde Brasilia.- En Brasil queda menos democracia. Decenas de miles simpatizantes de la ultraderecha se movilizaron este martes, Día de la Independencia, para asistir a los actos golpistas convocados por Jair Bolsonaro en Brasilia y San Pablo. Fueron movillizaciones importantes aunque muy lejos de convocar a los hasta dos millones de personas prometidos por el gobernante.

«No podemos aceptar más presiones políticas en nuestro Brasil, o el jefe de ese Poder (Judicial) no encuadra a los suyos o ese Poder puede sufrir aquello que nosotros no queremos», amenazó el capitán presidente. Se dirigía al titular del Supremo, Luiz Fux, exigiéndole que ponga en caja a los jueces levantiscos, es decir independientes.

El Partido de los Trabajadores, movimientos sociales, sindicatos y la Iglesia católica realizaron movilizaciones por el impeachment de Bolsonaro y en defensa de la democracia en San Pablo, Brasilia y otras ciento cincuenta ciudades (Ver nota aparte).

Camión del Ejército

A las diez y media de la mañana, subido a un camión del Ejército con parlantes, Bolsonaro pronunció un discurso breve destinado, principalmente, a intimidar al Supremo Tribunal Federal. En el mismo camión se encontraba el general Walter Souza Braga Netto, ministro de Defensa, ubicado dentro del ala más bolsonarista de un partido militar leal al gobierno y al régimen autoritario, aunque estaría atravesado por algunas divergencias internas como la expresada por el vicepresidente, Hamilton Mourao.

El general Mourao (no se subió al camión en el centro de Brasilia) expresa las mismas convicciones neofascistas que el jefe de Estado del que lo diferencia un estilo sobrio y su interlocución con grupos económicos y políticos desencantados del jefe de Estado obsesionado en generar una crisis tras otra, y atacar a los Poderes de la República.

Desde el llano, sobre la avenida Explanada de los Ministerios, miles de incondicionales del gobierno pedían acabar con la «dictadura de la toga», por el cierre del Supremo y/o la invasión del palacio de justicia ubicado a unos trescientos metros de donde se realizaba el acto. A media mañana la temperatura en Brasilia había trepado a los 30 grados centígrados con una humedad propia del desierto del Sahara, 13 por ciento.

Horno seco

En ese horno seco a cielo abierto las estocadas del orador contra la justicia, pero sobre todo contra la democracia, parecían ser más hirientes. El público se protegía con paraguas blancos o banderas brasileñas del sol agresivo aunque no lo suficiente como para aplacar la euforia expresada a los gritos: «mito, mito». Se observaba un buen número de personas con 50 o más años de edad, en gran parte llegadas de otras provincias como Goias y Mato Grosso do Sul, cuyos estancieros financiaron el traslado de cientos de colectivos hasta la capital. La Explanada de los Ministerios atraviesa una parte de la ciudad en sentido oeste-este culminando en los palacios de la Presidencia y el Supremo, uno frente al otro.

Bolsonaro eligió golpear al Supremo, instando a la desobediencia de sus fallos. Como blanco preferencial, dentro del Supremo, escogió al juez Alessandro de Moraes al que atacó a la mañana en Brasilia y por la tarde en San Pablo, donde el mandatario se trepó a otro carro inmenso estacionado cerca del parque Trianon-Masp, una isla de densa vegetación semiselvática en medio de la neoyorkina Avenida Paulista. Allí lo acompañaba el capitán Tarsicio Gomes de Freitas, ministro de Infraestructura.

«No es posible admitir que un solo hombre perturbe nuestra libertad. Alexandre de Moraes dejá de ser un sinverguenza», disparó Bolsonaro. «Alexandre de Moraes dejá de oprimir al pueblo, de censurar (…) que todos los presos políticos sean liberados».
En rigor los arrestados no son presos políticos sino sospechosos de promover el golpe de estado e incitar al asesinato de magistrados.

Delitos

El encono de Bolsonaro con ese magistrado va a caballo de la campaña para initimidar a una corte que se ha distanciado del ejecutivo. Moraes se tornó persona especialmente non grata desde que incluyó al mandatario en una investigación sobre una «organización delictiva» que divulga fake news desde el «gabinete del odio», el cual que funcionaría en el propio Palacio del Planalto.

Si esa causa prospera podría poner al desnudo los pactos entre el presidente y la industria de la desinformación y enviar a prisión a Carlos Bolsonaro, uno de los hijos del mandatario a cargo del cual está la estrategia de desinformación del gobierno y, antes la campaña sucia electoral de 2018.

Los Bolsonaro habrían cometido varios delitos comunes desde su llegada al poder en 2019 sumados a otros perpetrados cuando la familia montó una red de desvío y lavado de dinero que le permitió acumular un patrimonio que no se condice con sus ingresos declarados y comprar más de diez inmuebles y terrenos al contado.

A través de las redes sociales Moraes, haciendo hincapié en la institucionalidad, le respondió a Bolsonaro. «En este 7 de septiembre conmemoramos nuestra independencia, la que garantizó nuestra libertad y la que solo se fortalece con un absoluto respeto de la democracia».

Patriotismo

En San Pablo, Bolsonaro tocó bastante el sentimiento patriótico a tono con el Día de la independencia. «Este es el despertar de una nación, tengo la certeza de que seremos grandes allá adelante (cuando) colocaremos a Brasil en un lugar destacado en el mundo», proclamó a casi a las cuatro y media de la tarde. Fingiendo ser víctima de una persecución afirmó que no cederá a las presiones. «Quiero decirle a aquellos que quieren verme inelegible, allá en Brasilia, que sólo Dios me saca de allá (Planalto)». “Quiero decirle a los canallas que yo nunca iré preso», reforzó en otro desafío a la justicia.

Los ultraderechistas y golpistas, usan la religión, Dios y la Biblia, para usurpar el poder, dar golpes de Estado y masacrar al pueblo, con la bendición en muchos casos, de obispos católicos y pastores evangélicos, falsos profetas.

Los embates de este martes contra la democracia, ante decenas de miles de seguidores, posiblemente hayan sido los más graves realizados por el líder autoritario desde su llegada al Planalto y seguramente darán lugar a respuestas en los próximos días desde la oposición y el Supremo.

El excandidato presidencial petista, Fernando Haddad, sostuvo que los dichos de este 7 de setiembre del ex militar son más que suficientes para abrirle un proceso de impeachment.

Asalto al Capitolio 

El presidente y sus hijos, integrantes del Clan Bolsonaro, se imaginan a sí mismos como el espejo tropical de la familia Trump. En la primera semana de enero pasado el diputado e hijo presidencial, Eduardo Bolsonaro, fue hasta la Casa Blanca a presentarle a su hija recién nacida a Ivanka Trump (hija de Donald), con quien se tomó una foto de familia. Durante su paso por Washington, Bolsonaro hijo, mantuvo reuniones con activistas vinculados asalto al Capitolio, del cual habló positivamente en las redes sociales.

Este fin de semana el diputado organizó una cumbre de extrema derecha internacional en Brasilia, que contó con la presencia virtual de otro de los hijos de Trump, y en la que hubo comentarios más o menos explícitos sobre el ataque al Capitolio. Este lunes a la noche Bolsonaro junior se sumó a un grupo de sediciosos brasileños que violó el cordón de seguridad establecido en el centro de Brasilia y avanzó hacia el el palacio de justicia amenazando invadirlo y reivindicando un golpe.

Es posible que el diputado desee ser quien siga los pasos de los golpistas de Washinngton en Brasilia. La amenaza contra la sede del Supremo no se concretó este 7 de setiembre pero sigue en pie.

Las protestas coincidieron con el «Grito de los Excluidos» que se celebra cada 7 de septiembre

Masivas marchas contra Bolsonaro en más de 160 ciudades de Brasil

Los actos promovidos por organizaciones sociales y políticas repudiaron la actitud golpista del presidente, la gestión del coronavirus y el elevado costo de los alimentos básicos. Tuvieron como epicentro Brasilia, Río de Janeiro y San Pablo.

 (Fuente: EFE)
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PAGINA 12.- Más de 160 ciudades de Brasil fueron escenario de movilizaciones contra el presidente Jair Bolsonaro en el marco de la campaña «Fora Bolsonaro», a la que se sumó el tradicional «Grito de los Excluidos». Esta jornada, que repiten cada año diferentes organizaciones sociales y políticas brasileñas, denuncia las desigualdades y las demandas incumplidas por el poder político. Los actos de protesta sumaron este año el repudio a la actitud reaccionaria de Bolsonaro, la gestión del coronavirus y el elevado costo de los alimentos básicos, y tuvieron como epicentro las ciudades de Brasilia, Río de Janeiro y San Pablo. El martes Brasil celebró un nuevo aniversario de su independencia en un contexto de enorme tensión frente al golpismo del presidente y el apoyo de sus seguidores más reaccionarios en las calles

Brasilia: «Porotos sí, rifle no»

«La calle de Brasilia no es solo para los fascistas, no es solo para los autoritarios», gritaban los manifestantes que participaron de la 27ª edición del Grito de los Excluidos. Miles de brasileños se reunieron desde las nueve de la mañana en la Torre de Televisión, ubicada en el centro de Brasilia, para exigir la renuncia de Bolsonaro. Ese sitio fue reservado exclusivamente para los grupos opositores, mientras que los seguidores del mandatario se concentraron en la Explanada de los Ministerios, la avenida que concentra las sedes de los tres poderes.

Estudiantes y representantes de movimientos sociales y ambientales, sindicatos y partidos políticos asistieron a la masiva protesta. Los manifestantes desplegaron pancartas pidiendo el juicio político a Bolsonaro, a favor del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y en contra del marco temporal de tierras indígenas, una medida legal que proponer reconocer como tierras ancestrales solo aquellas que estaban ocupadas por ellos cuando se promulgó la Constitución de 1988.

«Feijão sim, fuzil não» («Porotos sí, rifle no»), rezaba uno de los carteles más repetidos de la jornada. El pasado 27 de agosto Bolsonaro alentó a la población a armarse y llamó «idiotas» a quienes dicen que es mejor comprar porotos que rifles. Los manifestantes repudiaron la inflación creciente en el país y el aumento de la canasta básica de alimentos, siendo el frijol una de las bases de la alimentación diaria brasileña.

Río de Janeiro: «Comida en la mesa y vacuna en el brazo»

Durante la manifestación contra Bolsonaro en la Avenida Presidente Vargas, en la región central de Río, un vendedor ambulante atraía a los manifestantes con trapos de piso con la cara del ministro de Economía Paulo Guedes. Un poco más adelante, otro vendía gorras verde olivo similares a las que usaba el expresidente cubano Fidel Castro, de acuerdo al diario Estadão.

Los manifestantes se turnaban en el micrófono exigiendo más cultura, educación, vacunas y respeto a la democracia. Una de las voces más aplaudidas fue la del concejal de Río de Janeiro Tarcisio Motta. «El mundo y la vida deben ser mucho mejores. Por eso decimos: ‘Fuera Bolsonaro’. Con este genocidio se seguirá excluyendo al pueblo«, dijo Motta en un discurso replicado por Correio Braziliense.

Por su parte el profesor Tulio Mota, también concejal del PSOL, se quejó del precio de la comida: «La pechuga de pollo cuesta 20 reales. Es la política del ministro de Economía Paulo Guedes. Queremos comida en la mesa y vacuna en el brazo. No queremos esta política liberal«. En las protestas tampoco quedó afuera el rechazo a la gestión del coronavirus, que ya se cobró más de 580 mil vidas en Brasil.

San Pablo: «No salir a la calle sería una cobardía»

El martes empezó en San Pablo con un desayuno promovido por el padre Julio Lancellotti para las personas en situación de calle. Lancelloti, que lleva décadas sirviendo a los más pobres, suele recordar en clara alusión a discursos como el de Bolsonaro: «No sirve de nada decir ‘Dios por encima de todo’ y poner a las personas por debajo».

Mucho más explícito, el padre Antonio Alves calificó al presidente brasileño de «asesino» y «genocida» por quitarle el pan al pueblo. Desde primera hora de la mañana, los manifestantes se concentraron en el céntrico Valle de Anhangabaú. Allí un tanque de guerra armado con cartones dibujó algunas sonrisas recordando el grotesto y preocupante desfile militar de Bolsonaro por el centro de Brasilia a principios de agosto.

El coordinador de la Central de Movimientos Populares, Raimundo Bonfim, aseguró a Estadão que por primera vez en sus 27 años de existencia la agenda para el mantenimiento de la democracia forma parte del Grito de los Excluidos. «Históricamente el Grito saca a la calle temas como el desempleo, el hambre y la exclusión social. Esta vez se impuso la cuestión de la defensa de la democracia. No salir a la calle sería una cobardía», remarcó Bonfim.

La histórica jornada del martes en Brasil generó sus primeras reacciones políticas de peso. El gobernador del estado de San Pablo, el precandidato presidencial Joao Doria, anunció que revisó su postura histórica y se pronunció a favor de un juicio político a Bolsonaro, su exaliado.

«MI posición ahora es del impeachment del presidente, después de la agresión que hizo hoy a la Constitución», afirmó Doria en conferencia de prensa. Más de 120 pedidos de juicio político por diversos delitos fueron presentados contra Bolsonaro, pero darle curso depende apenas de una persona, el presidente de la Cámara de Diputados Arthur Lira, bolsonarista y férreo defensor de la agenda gubernamental.

Brasil: ¿y ahora qué, Jair Bolsonaro?

 (Fuente: AFP)
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Por Emir Sader/ Desde Río de Janeiro.- Deblilitado por la acumulación de problemas no resueltos, que se agravan, con el apoyo a su nível mas bajo, Jair Bolsonaro (foto) jugó todas sus cartas en las movilizaciones del 7 de septiembre, feriado de la independencia en Brasil. Desde hace dos meses, cuando empezó a llamar a estas movilizaciones, Bolsonaro anunció que serían las mas grandes que el país había conocido – posteriormente alcanzó a predecir que habría dos millones de personas en San Paulo

Ataque al poder judicial

Propuso ataques directos al Supremo Tribunal Federal (STF) y hasta a la Embajada de China para que el día desembocara en un contragolpe. Esto, porque Bolsonaro había llegado a la conclusión de que habría un golpe en contra de él, de parte del poder judicial y de los medios, que habrían sacado a Lula de la cárcel para llevarlo a la presidencia de Brasil.

Asimismo, Bolsonaro considera que el poder judicial no lo dejaría gobernar, simplemente porque el STF ha empezado a tomar decisiones en contra de los bolsonaristas que amenazan al mismo poder judicial sistematicamente en internet. Varios de ellos han sido apresados. Además, se les ha impedido recaudar recursos por internet y se le han bloqueado sus cuentas bancarias.

Decepción

Con las manifestaciones de este martes, Bolsonaro pretendía recuperar fuerzas, retomar la iniciativa y reforzar sus ataques al poder judicial. Pero salvo en San Pablo, la cantidad de gente fue menor de lo que él suponía. El periódico Valor econômico, por ejemplo, afirma que todo fue decepcionante para Bolsonaro, y que en Brasilia, por ejemplo, la concurrencia alcanzó el cinco por ciento de lo que se esperaba.

En sus discursos, en Brasilia y en San Pablo, Bolsonaro concentró sus ataques en el poder judicial, afirmando que los magistrados pagarán un precio si no reculan y siguen realizando acciones para limitar la capacidad de acción del presidente. Bolsonaro reiteró su disposición a desobedecer las recientes decisiones judiciales contrarias a sus intereses, postura que agrava drásticamente el enfrentamento entre los dos poderes. Bolsonaro llegó a decir que convocaría al Consejo de la Republica, órgano que podría decretar intervenciones en provincias o directamente un estado de sitio a nivel nacional. Pero, al no tener respuestas positivas de los membros de ese Consejo, retiró la convocatoria.

Desgaste

Si con la marcha de este martes Bolsonaro quiso cambiar la situación de desgaste que viene sufriendo a lo largo de este año, no lo logró. Al contrario, ha aumentado el desgaste. El temor a acciones violentas, a algún tipo de invasión del Capitolio en Brasil, no se plasmó en los hechos. El mismo PSDB, el partido de Fernando Henrique Cardoso, convocó una reunión para discutir la posibilidad de hacerle un juicio político a Bolsonaro. 

Al mismo tiempo, como es tradicional en Brasil, para esta misma fecha fue celebrado, en todo el país, el Grito de los Excluidos. Este año tuvo el valor agregado de servir como manifestación de repudio a Bolsonaro. Se realizaron concentraciones en 17 capitales y en otras 47 ciudades por todo el país. La oposición retomará pronto la dinámica de movilizaciones nacionales en contra de Bolsonaro.

Estagnación y pandemia

Pasada esta fecha, el país vuelve a su situación de crisis económica, dado que el alza de la inflación y la instabilidad política, han terminado con la posibilidad de algún tipo de recuperación. Bolsonaro tendrá que enfrentar el año electoral con estagnación económica.

No hay indicios de recuperaón con un nivel de desempleo de más del 14 por ciento, al que se suma una cantidad bastante mas grande de gente viviendo en situación de precariedad. La crisis social solo tiene a agravarse.

La pandemia sigue, aunque haya bajado el número de casos y de muertes, por el avance, aunque lento, de la vacunación. Tan solo poco mas del 30 por ciento de la población ha recibido la segunda dosis y está plenamente protegido.

El día después no será bueno para Bolsonaro. Jugó todas sus cartas pero las manifestaciones no fueron tan grandes como esperaba, no hubo los ataques al STF ni a la embajada de China. No pudo dar el contragolpe que él había mencionado. No se fortaleció. Ni siquiera frenó su desgaste. 

El presidente brasileño dijo que no respetará ningún fallo del juez Alexandre de Moraes

Bolsonaro intensificó los ataques contra la Corte Suprema

La avalancha de amenazas del mandatario al máximo tribunal viene creciendo desde hace tiempo. Como trasfondo, su obstinación por cambiar el voto electrónico. 

 (Fuente: AFP)
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Por Por Eric Nepomuceno/ PAGINA 12/ Desde Río de Janeiro.- Dejando claro por enésima vez que desconoce todo límite, ni siquiera vestigios de límites, el ultraderechista mandatario brasileño Jair Bolsonaro avanzó una vez más, primero en Brasilia y luego con más furia en un mitin en San Pablo, contra el Supremo Tribunal Federal (STF).

Refiriéndose específicamente a uno de sus integrantes, Alexandre de Moraes, Bolsonaro aseguró enfáticamente que no cumplirá ninguna de sus determinaciones. De paso, mencionó a otros “canallas” que integran la Corte Suprema de Brasil, incitando los manifestantes a seguir su ejemplo.

En un inédito ataque de un mandatario a un integrante de la Corte Suprema de Justicia en Brasil, Bolsonaro ya había pedido por la mañana, en una manifestación convocada por él en Brasilia, que Luiz Fux, presidente del STF, “controlase” a uno de sus integrantes, precisamente Moraes.

Retórica golpista

En una clara declaración golpista, advirtió a Fux que si no lo hiciese, “ese Poder (en  alusión al Judicial) puede sufrir lo que no queremos (una intervención directa)”.

En las últimas semanas Bolsonaro viene insinuando que no desea una “ruptura” entre las instituciones (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), pero que siente que es cada vez más difícil impedir que eso ocurra, principalmente a raíz de medidas llevadas a cabo en la Corte Suprema.

Por la tarde, en San Pablo, fue más allá: dijo que no respetará ninguna de las decisiones de Alexandre de Moraes emitidas desde el STF.

La avalancha de ataques de Bolsonaro a la Corte Suprema, así como a otro de sus integrantes, Luis Roberto Barroso, que a la vez preside el Tribunal Superior Electoral, vienen desde hace tiempos en un creciendo permanente. Este martes alcanzaron su auge.

Bolsonaro defiende que el actual sistema electoral, con el voto electrónico, no es “auditable”. Dijo que en 2018 ganó en la primera vuelta, y prometió presentar pruebas. Así empezaron sus embates con Barroso.

Nunca presentó nada. Al contrario: en una transmisión en vivo por las redes sociales, trajo denuncias amplia y fuertemente desmentidas desde hace al menos dos años.

Gracias a eso, Alexandre de Moraes, con pleno respaldo de todos sus colegas de la Corte Suprema, abrió una investigación contra el presidente.

Otras muchas medidas de Moraes – todas, vale reiterar – con pleno respaldo de sus colegas del máximo tribunal, irritaron profundamente a Bolsonaro, elevando más y más la tensión.

Moraes determinó la prisión de varios “bolsonaristas” que, por las redes sociales, incitaban no solo actos de violencia como difundían mentiras por doquier. Uno de ellos, el ex diputado Roberto Jefferson, es ejemplo claro de cómo actúan esos seguidores del mandatario ultraderechista: con un fusil en las manos, avisó que su blanco era el ex presidente Lula.

Para Bolsonaro, actitudes como esa y de muchísimos otros fanáticos de sus seguidores, constituyen plena “libertad de expresión” asegurada por la Constitución. Y al mandar detenerlos, Alexandre de Moraes los transformó en “presos políticos”.

Este martes, una vez más y en términos especialmente duros, el presidente exigió su “inmediata liberación”.

Como se recordará, Bolsonaro llegó a pedir al Senado, que tiene competencia para tal, que declarase el impedimento de Alexandre de Moraes y su consecuente alejamiento de la Corte Suprema.

El presidente del Senado (y del Congreso), Rodrigo Pacheco, ni siquiera aceptó analizar el pedido. Con eso, se transformó en otro enemigo más del mandatario ultraderechista.

También este martes Bolsonaro, en otro frente de batalla, volvió a reiterar que no aceptará los resultados de las elecciones presidenciales del año que viene a menos que vuelva el voto impreso, “auditable”.

Se trata de claro y reiterado ataque al presidente del Tribunal Superior Electoral, Luis Roberto Barroso, también integrante de la Corte Suprema, que aseguró que el actual sistema es seguro y está previsto en la legislación.

En el espejo de Trump

La medida retomada por Bolsonaro ya fue derrotada en la Cámara de Diputados, y la insistencia del presidente anticipa lo que podrá hacer cuando sea derrotado, como indican todas las encuestas de opinión pública, el año que viene: imitar a su ídolo y guía Donald Trump y ordenar una invasión del Congreso.

Lo que se considera en medios políticos luego de la tempestad surgida a partir de las declaraciones claramente golpistas de Jair Bolsonaro, principalmente las dirigidas contra la Corte Suprema de Justicia, pero también el Congreso, es que el clima alcanzó un nivel tal que exigirá medidas urgentes. Concretamente, se considera que con sus ataques al Poder Judicial y su afirmación de que no respetará decisiones del STF anunció una ruptura.

Una vez más, Bolsonaro anticipó, a los gritos, que solo saldrá del palacio presidencial “por las manos de Dios”. Es decir, que no aceptará otro resultado electoral que su victoria.

En el principio de la noche los integrantes del Supremo Tribunal Federal se reunieron para decidir cuál actitud adoptar frente a lo ocurrido.

Mientras se aguarda lo que decidirán tanto la Corte Suprema como los partidos aliados o cercanos al ultraderechista, y principalmente qué hará el presidente de la Cámara de Diputados, en cuyo cajón adormecen al menos 126 pedidos de apertura de un juicio para destituir al ultraderechista – y ahora claramente golpista – mandatario, hubo fuertes cacerolazos por todo el país en la noche.

Si a eso se suma el dato de que, a pesar de grandes, las movilizaciones de este martes fueron mucho menores de lo que esperaban Bolsonaro y sus seguidores más cercanos, resta la impresión de que el mandatario salió de una jornada especialmente turbulenta menor de lo que entró.

Queda por ver qué pasará a partir de hoy, luego de un día de tremenda turbulencia. 

TODAS LAS NOTAS PERIODISTICAS PUBLICADAS AQUI, FUERON TOMADAS DEL DIARIO ARGENTINO PAGINA 12, EDICION DE MIERCOLES 8 DE SEPTIEMBRE DE 2021:

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