El recuento de los daños, por Marcelo Arequipa

OXIGENO.- Ya se sabe que llegamos a las elecciones presidenciales divididos en dos bloques: masismo vs. antimasismo. Luego, por tanto, las variables que agregaban y movilizaban no eran dictadura-democracia, es decir, no era una discusión de principista.

Cuando se habla de masismo vs. antimasismo, nos estamos refiriendo a la identidad política, esta es una primera pista crucial para entender el escenario de las candidaturas. A continuación, primero, evidenciamos a estos dos bloques, en clave cuantitativa a través de las encuestas electorales para saber cuánto del electorado estaba contenido en qué bando. Para luego puntualizar algunos aspectos cualitativos de la última semana antes del día de las elecciones.

Las encuestas se acercaron a precisar hasta el final los conglomerados duros que tenían masistas y antimasistas. Al mismo tiempo, nos decían que había entre un 20 y 23 por ciento que se dividían entre votantes que ocultaban sus votos y otros tantos que no sabían por quién votar. Se entiende que el votante “oculto” es aquel que está en oposición al Gobierno de turno y a la corriente política dominante en el espacio geográfico en el que vive, como las encuestas eran levantadas en gran medida en centros urbanos en los que el antimasismo era relevante, entonces se planteó la hipótesis que ese voto le pertenecía en mayor proporción al MAS; en cambio, el voto “indeciso”, era aquel que estaba más ubicado en el antimasismo, y por lo mismo reclamaba dos cosas a sus candidatos: quién de ellos representaría más fielmente esa identidad antimasista, y cuál de ellos le otorgaría certeza respecto a la crisis económica que llevamos viviendo.

Así, llegamos a la última semana antes de la elección, aquí los candidatos del MAS se dedicaron a difundir dos mensajes principalmente; el primero, relacionado con una lectura autocrítica interna respecto de Evo y su círculo más cercano, este mensaje claramente no era para capturar votos del otro frente, sino que era para buscar terminar de convencer a aquella persona que había dejado de votar al MAS desde el 2014. El segundo mensaje, que puede revisarse en el último spot publicitario antes del silencio electoral era apelar a un voto con esperanza y con alegría, para que los problemas que tenemos sean solucionados. En conclusión: se apelaba a movilizar sentimientos positivos.

En esa misma última semana antes de la elección, en el antimasismo identificamos los siguientes mensajes: Carlos Mesa repetía la triada: catorce años, corrupción, y fraude; mientras el electorado como dijimos antes estaba buscando respuestas a la economía, Mesa se dedicaba a responder con esa triada, entonces no había lugar a conexión entre el candidato y el electorado. Segundo, los días jueves, viernes y sábado previos a la elección se dedicaron a romper el silencio electoral en redes sociales e internet para acusar a Camacho de ser el que podría estar permitiendo un retorno del MAS con su candidatura. En esa lucha encarnizada entre mesistas y camachistas y el diálogo sin conexión al que nos referimos antes, entonces el electorado vio con malos ojos el hecho de que ahí no había posibilidades reales de administración del poder ni de una convivencia política. En conclusión: se apelaba a movilizar sentimientos negativos.

Por eso nos encontramos con los datos de votación favorable al MAS, porque alguien había hecho la tarea y se había dado cuenta de la transformación concreta del país y sus actuales preocupaciones. Finalmente, por la demora de los resultados de boca de urna, en la madrugada del lunes, Bolivia recibió la noticia de que había salido de la unidad de terapia intensiva de la política y que pasaba ahora a sala de recuperación, antes de que tengamos el alta es necesario que esa otra parte que reclama porque no cree en los resultados, procese la posibilidad de que quizá en su caso se trate de un problema de perspectiva de los hechos, y es que no debemos confundir que las aspiraciones individuales se tengan que materializar pase lo que pase, o hasta las últimas consecuencias, en el resultado nacional.

Mientras tanto, el masismo debería seguir entendiendo que tiene en los centros urbanos gente con capacidad de movilización y que no es un fenómeno pasajero, es alguien que ya venía reclamando micrófono desde el 2016, no dárselo sería un gran error.

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