Bloqueo de guante blanco

Por Freddy Morales / La Razón.- El bloqueo del hospital gigante, estatal, de tercer nivel ya lleva casi tres meses. No se presta atención de consulta externa a los 150 pacientes que hasta antes del bloqueo acudían cada día y fueron suspendidas las internaciones, cirugías y otros servicios que ofrecía. Unos 20.000 pacientes eran internados, por año, antes del bloqueo. La inédita situación ocurre en un marco de pandemia, cuando los hospitales habilitados para atender pacientes por coronavirus están colapsados desde hace meses. Precisamente este hospital bloqueado, ha sido asignado para atender casos de COVID-19, pero el tiempo pasa y sigue bloqueado, inutilizado.

El 15 de junio se hizo el anuncio oficial de suspensión de servicios cuando se detectó que parte de su personal había sido infectado por coronavirus. De inmediato suspendió la atención de consulta externa y fueron dando de alta a los pacientes internados. El hospital quedó vacío.

En casi un mes, los Comités de Emergencias y demás organismos creados para enfrentar la pandemia, no hicieron nada para desinfectarlo, de modo que siguió cerrado y vacío. Hasta que un buen día decidieron habilitarlo para pacientes con coronavirus. El personal del hospital ronda las 320 personas, entre médicos, enfermeras, auxiliares, de los que, según su director Édgar Pozo, en este tiempo, por lo menos 150 enfermaron y cinco fallecieron.

Para la atención de coronavirus, el personal del hospital solicitó lo básico: equipos de bioseguridad. La primera entrega se hizo dos meses y medio después del cierre, el jueves 2 de septiembre. Se prometió ítems para sustituir al personal contagiado pero aún no llegan. Se solicitó que se les pague una deuda de más de Bs 2 millones que les adeuda el Estado por el primer semestre del año y tampoco se les paga.

Solicitaron equipos para habilitar más salas de terapia intensiva, y en tres ocasiones les enviaron cuatro respiradores inservibles. Los últimos cuatro, la pasada semana. Sometidos a prueba de 24 horas de funcionamiento se comprobó que no soportan un funcionamiento continuo. Estos equipos deben estar encendidos por un mes o más, sin parar, porque sustituyen la función de los pulmones. Lo peor, tienen el software defectuoso, lo que hace que se programe para la necesidad de un paciente, pero el equipo se descontrola con la consecuencia obvia, en vez de ayudar a vivir, provoca la muerte. Los últimos cuatro son parte de 324 respiradores chinos comprados por el Gobierno nacional con sobreprecio de $us 22.000 cada uno, según documentos que ya son públicos. Y éstos se suman a los 170 respiradores también con sobreprecio e inútiles comprados por el Gobierno nacional a España. Son, solo en estos dos casos, 494 pacientes privados por la corrupción de acceder a un respirador en circunstancias de vida o muerte. Si se multiplica por las semanas y meses que estos respiradores no prestan atención a quien los necesita con urgencia, se tiene una idea del daño que produce este bloqueo, el oficial, el de guante blanco. Y los Colegios Médicos y los Comités Científicos, ni chis ni mus. Silencio total.

El hospital gigante, estatal, de tercer nivel que aquí se refiere, es el Instituto Nacional del Tórax, uno de los ocho de especialidades del complejo de salud de Miraflores. Pero hay otros de esos ocho en la misma situación: cerrados. Y hay otros hospitales, construidos por el anterior gobierno, también cerrados o que tardaron en ser habilitados solo por el cálculo político, mientras gritos desgarradores clamaban que les abran las puertas de los dos hospitales COVID colapsados para dar una oportunidad al familiar enfermo.

Freddy Morales es periodista.

https://www.la-razon.com/voces/2020/09/07/bloqueo-de-guante-blanco/